IMPURA

Una monja es la que ocupa esta nueva entrada. Ojos verdes muy claros, vestida con el hábito y con una piel menos pálida en comparación al resto de mujeres que he subido anteriormente al blog. Su mirada se dirige hacia el cielo, como si se hallara buscando a su Dios y sobre todo, como si buscase su perdón… Esta mujer con atuendo de monja se ve rodeada de cruces invertidas, las cuales señalan esa impureza que le corroe y, el fondo que le acompaña es un rojo intenso, un color que aporta pasión y calor a la obra, un calor procedente de esos pecados cometidos.

En la sociedad en la que se vive los actos pueden categorizarse de muchas maneras, en este caso hablaremos de los actos impuros. La pureza puede llegar a aludir a muchas cosas, digamos que es un término bastante relativo.  En esta sociedad llevan tratando de enseñarnos, sobre todo a las mujeres, que la pureza es nuestro camino a seguir. Quizá deba ser así, claro…  quizá en un mundo ideal dominado por hombres machistas, pero ahora mismo me encuentro hablando de un mundo justo. Todas las personas tenemos derecho a cometer actos impuros, tenemos derecho a cometer locuras gusten o dejen de gustar. La sociedad patriarcal trata de instaurar desde siempre este tipo de visión en la cual las mujeres debemos ser puras porque si no es así nuestro valor se reduce. Una mujer no debe sentirse mal por hacer lo que quiere, por realizar algo que se salga de lo que se considere socialmente correcto. Si dicho acto repercute de manera negativa en la persona que lo comete, pero no porque moleste a nadie, sino porque en sí a esa persona no le sienta bien… es su problema, no el del resto.

Comete pecados, aprende de ellos, perdónate, conócete y sobre todo sé libre.

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