TURBIA

Una mujer de piel pálida, pelo negro y labios oscuros. Viste con una chaqueta verde una camisa blanca. Es una mujer que parece ser un muerto viviente, pero sin putrefacción. Su mirada es intensa, como si te acechase, pero embobada. Como si estuviese, pero a su misma vez no.

Hay épocas en las que no hallamos claridad en nuestros pensamientos, en nuestras emociones. Corren tantos pensamientos por nuestra cabeza que se acaban convirtiendo en ninguno. Tratamos de concentrarnos en una cosa y no somos capaces debido a todo lo que nos ronda, la mente deja de verse cristalina y pasa a ser turbia como un mar revuelto por un gran oleaje. Hay días en los que no tenemos la fuerza emocional suficiente como para evitar emborronar nuestra mente. Debemos ser fuertes, debemos saber limpiarla, conseguir amainar la tempestad que revuelve nuestros pensamientos, devolver esa transparencia a nuestra consciencia, a nuestro ser. Hay mil maneras de conseguirlo, pero esto es cuestión de la fuerza y capacidad de uno mismo, del querer y no del poder o no poder. Todo siempre se resume a eso, a la actitud, a las ganas de salir de estas situaciones tan angustiosas e incluso atosigantes. Situaciones en las que uno puede sentir que se queda sin respiración. Sin embargo… salir de este tipo de situaciones no es algo que se considere tan fácil, de hecho, todo es relativo. Hay personas que consiguen desprenderse de la fuerte marea en segundos, como si no les costase nada, más bien como si estos gozasen de un don… mientras que hay otras personas a las que les puede llegar a costar incluso décadas. Hay momentos en los que por mucho que nos gustaría estar al 100% en algo solo podemos estar un 1%. Hay épocas en las que evitar lo turbio es inevitable.

RETICENCIA

Nos encontramos con una mujer de mirada intensa. Se halla en la oscuridad con una expresión tranquilizante a la vez que todo lo contrario. No sabemos qué es en lo que está pensando ni lo que desea… Parece como si se parara el tiempo y esta no dejase de hacerlo. Para ella es muy difícil dar a luz aquello en lo que piensa… ¿Cuánto aguantará?

Las personas somos un mundo, cada cual con sus gustos, aficiones, miedos, decisiones…. Están aquellas personas que son un libro abierto y aquellas que son todo lo contrario. A las primeras se les puede leer con solo mirarles, no les asusta expresar aquello que sienten y tampoco que los demás puedan verlo. Después encontramos a sus polos opuestos, aquellas personas que son reticentes a exponer sus emociones, aquellas a las que no les gusta ser leídas por el resto, aquellas a las que no les es nada fácil hablar de aquello que sienten. Estas últimas son capaces de permanecer en silencio a los oídos del resto, pero a su misma vez, pueden estar gritando por dentro, pidiendo ayuda a aquellos que no oyen nada. Estas últimas son las personas más valientes y muchas veces más cobardes que existen, son capaces de curar sus heridas por sí mismas, pero no son capaces de pedir ayuda cuando a veces es lo que más necesitan. Hay algo en lo que la mayoría de estos diferentes tipos de personas coinciden y es en que necesitamos un momento de desahogue. Un momento en el que poder hablar de nuestras preocupaciones, sea con alguien o con nosotros mismos. Hay veces en las que necesitamos simplemente ser escuchados por alguien, nos da igual por quien mientras podamos sentir que lo que decimos y sentimos es real. ¿Tú también eres de las que aguantan hasta explotar?

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