Esta pintura muestra dos caras en una: la bondad y la maldad. A la izquierda podemos ver la mitad de la cara de un ángel mientras que, a la derecha, podemos observar la mitad de la cara de un demonio. Como en todos los dibujos que ya he expuesto en este blog, siempre se trata de rostros de mujeres. A la mitad angelical comprobamos que rodea su cuello un halo y a la otra mitad demoníaca le sale un cuerno de la cabeza.
Los seres humanos estamos compuestos por muchas caras, no únicamente la que el resto es capaz de ver. Existen tanto buenas personas como malas personas, sin embargo, no quiere decir que esas buenas o malas personas únicamente estén compuestas por bondad o maldad, respectivamente. Nos gusta mucho generalizar y, por lo tanto, categorizar. Cuando alguien comete un acto que no nos hace bien o que no hace bien al resto nos lanzamos a categorizarla de mala persona, pero… no tiene por qué serlo realmente. A la mayor parte de la humanidad nos enseñan a diferenciar que es lo bueno y que es lo malo, aun así, debo admitir que considero que muchas veces estos dos extremos son relativos. Si no nos enseñasen desde un principio a diferenciarlos… ¿Seríamos capaces de hacerlo por nosotros mismos? Sinceramente no tengo ni la menor idea, aunque admitiré que me atrevería a decir que sí que seriamos capaces de diferenciar mayoritariamente lo bueno de lo malo. Algunas personas tienen la capacidad de ser empáticas desde que nacen, por eso mismo es por lo que me decanto en que sí podría llegar a diferenciarse estos dos extremos.
La vida es ya de por si dura como para que otros nos la hagan más aun o, incluso, nosotros a los demás. Hay que saber hallar un equilibrio entre el bien y el mal, tanto propio como ajeno.
