IMPURA

Una monja es la que ocupa esta nueva entrada. Ojos verdes muy claros, vestida con el hábito y con una piel menos pálida en comparación al resto de mujeres que he subido anteriormente al blog. Su mirada se dirige hacia el cielo, como si se hallara buscando a su Dios y sobre todo, como si buscase su perdón… Esta mujer con atuendo de monja se ve rodeada de cruces invertidas, las cuales señalan esa impureza que le corroe y, el fondo que le acompaña es un rojo intenso, un color que aporta pasión y calor a la obra, un calor procedente de esos pecados cometidos.

En la sociedad en la que se vive los actos pueden categorizarse de muchas maneras, en este caso hablaremos de los actos impuros. La pureza puede llegar a aludir a muchas cosas, digamos que es un término bastante relativo.  En esta sociedad llevan tratando de enseñarnos, sobre todo a las mujeres, que la pureza es nuestro camino a seguir. Quizá deba ser así, claro…  quizá en un mundo ideal dominado por hombres machistas, pero ahora mismo me encuentro hablando de un mundo justo. Todas las personas tenemos derecho a cometer actos impuros, tenemos derecho a cometer locuras gusten o dejen de gustar. La sociedad patriarcal trata de instaurar desde siempre este tipo de visión en la cual las mujeres debemos ser puras porque si no es así nuestro valor se reduce. Una mujer no debe sentirse mal por hacer lo que quiere, por realizar algo que se salga de lo que se considere socialmente correcto. Si dicho acto repercute de manera negativa en la persona que lo comete, pero no porque moleste a nadie, sino porque en sí a esa persona no le sienta bien… es su problema, no el del resto.

Comete pecados, aprende de ellos, perdónate, conócete y sobre todo sé libre.

UNIVERSO AJENO

Es un extraterrestre lo que se aprecia en este dibujo. Típico extraterrestre verde, ojos grandes y negros, cabeza enorme… Se encuentra en medio del universo, fumándose un peta y alucinando ante tanta estrella.

Cada persona es capaz de crear su propio universo. Cuando hablo de universo me refiero a tu propia percepción de la realidad. La realidad es algo que siempre está ahí, la realidad alude al dolor. La realidad es cuando nuestros pies tocan la tierra, como si tuviésemos un objeto de hierro que nos hiciese caer del cielo, de las estrellas. La imaginación es lo contrario a la realidad, esta es aquella que puede hacernos volar más alto que un avión. La imaginación usada debidamente es aquella que puede darnos esa percepción distinta a la realidad, ese toque peculiar que impide que la aborrezcamos y que podamos seguir teniendo las ganas y fuerza suficiente como para continuar viviendo en ella.  A algunos les es necesario drogarse para poder evadirse de la realidad y crear esa percepción ya mencionada. Sin embargo, estos son los que quieren huir de la realidad, los que no quieren verla ni en pintura. Son aquellos a los que les resulta demasiado monótona o dolorosa… Mientras, hay otros que nacen con el don de crearla sin ningún tipo de estimulante, hay otros que consiguen mezclar ambos polos y consiguen la unión perfecta. Estos últimos son los que no huyen de la realidad, sino que la mejoran de una manera extraordinaria y muy peculiar, de una manera única. Debo resaltar a las personas que también son capaces de mostrar su imaginación, sobre todo porque suelen utilizar lo que considero arte; pintura, poesía, creaciones audiovisuales… Es genial vivir en la realidad en la que todos viven, pero es más extraordinario ser el dueño de ella, crear tu propio universo.

TURBIA

Una mujer de piel pálida, pelo negro y labios oscuros. Viste con una chaqueta verde una camisa blanca. Es una mujer que parece ser un muerto viviente, pero sin putrefacción. Su mirada es intensa, como si te acechase, pero embobada. Como si estuviese, pero a su misma vez no.

Hay épocas en las que no hallamos claridad en nuestros pensamientos, en nuestras emociones. Corren tantos pensamientos por nuestra cabeza que se acaban convirtiendo en ninguno. Tratamos de concentrarnos en una cosa y no somos capaces debido a todo lo que nos ronda, la mente deja de verse cristalina y pasa a ser turbia como un mar revuelto por un gran oleaje. Hay días en los que no tenemos la fuerza emocional suficiente como para evitar emborronar nuestra mente. Debemos ser fuertes, debemos saber limpiarla, conseguir amainar la tempestad que revuelve nuestros pensamientos, devolver esa transparencia a nuestra consciencia, a nuestro ser. Hay mil maneras de conseguirlo, pero esto es cuestión de la fuerza y capacidad de uno mismo, del querer y no del poder o no poder. Todo siempre se resume a eso, a la actitud, a las ganas de salir de estas situaciones tan angustiosas e incluso atosigantes. Situaciones en las que uno puede sentir que se queda sin respiración. Sin embargo… salir de este tipo de situaciones no es algo que se considere tan fácil, de hecho, todo es relativo. Hay personas que consiguen desprenderse de la fuerte marea en segundos, como si no les costase nada, más bien como si estos gozasen de un don… mientras que hay otras personas a las que les puede llegar a costar incluso décadas. Hay momentos en los que por mucho que nos gustaría estar al 100% en algo solo podemos estar un 1%. Hay épocas en las que evitar lo turbio es inevitable.

RETICENCIA

Nos encontramos con una mujer de mirada intensa. Se halla en la oscuridad con una expresión tranquilizante a la vez que todo lo contrario. No sabemos qué es en lo que está pensando ni lo que desea… Parece como si se parara el tiempo y esta no dejase de hacerlo. Para ella es muy difícil dar a luz aquello en lo que piensa… ¿Cuánto aguantará?

Las personas somos un mundo, cada cual con sus gustos, aficiones, miedos, decisiones…. Están aquellas personas que son un libro abierto y aquellas que son todo lo contrario. A las primeras se les puede leer con solo mirarles, no les asusta expresar aquello que sienten y tampoco que los demás puedan verlo. Después encontramos a sus polos opuestos, aquellas personas que son reticentes a exponer sus emociones, aquellas a las que no les gusta ser leídas por el resto, aquellas a las que no les es nada fácil hablar de aquello que sienten. Estas últimas son capaces de permanecer en silencio a los oídos del resto, pero a su misma vez, pueden estar gritando por dentro, pidiendo ayuda a aquellos que no oyen nada. Estas últimas son las personas más valientes y muchas veces más cobardes que existen, son capaces de curar sus heridas por sí mismas, pero no son capaces de pedir ayuda cuando a veces es lo que más necesitan. Hay algo en lo que la mayoría de estos diferentes tipos de personas coinciden y es en que necesitamos un momento de desahogue. Un momento en el que poder hablar de nuestras preocupaciones, sea con alguien o con nosotros mismos. Hay veces en las que necesitamos simplemente ser escuchados por alguien, nos da igual por quien mientras podamos sentir que lo que decimos y sentimos es real. ¿Tú también eres de las que aguantan hasta explotar?

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