Una mujer alada, pelirroja y atractiva. Al carecer de pupilas podría decirse que no tiene alma, que es un ser macabro y falto de la belleza convencional, sin embargo, es uno de los seres más hermosos que se han creado. Es una Femme Fatale sedienta de sufrimiento, sedienta de dolor.
Las mujeres son seres extraordinarios. Más que mundos son como universos. Por la cabeza se les pasa mil cosas a la vez y la complejidad es casi imposible de combatir. Algunas son conscientes del goce que ocasiona romperle el corazón a alguien, otras no. No me refiero a que les guste en sí hacer sufrir a alguien, pero sí les gusta sentir ese deseo hacia su persona, esa dedicación y ese empoderamiento. ¿A quién no? Son verdaderas “Femmes fatales” (Mujeres fatales). Estas criaturas mencionadas son seres mitológicos que se exaltan desde el siglo XIX. Utilizan sus encantos para seducir a sus víctimas, y lo consiguen desde su mismo físico hasta su misma mente. Las mujeres son verdaderamente peligrosas debido a ese don de persuadir, de seducir, como las sirenas. Utilizan sus cánticos hacia los marineros para hipnotizarles, sacarles de sus barcos con los que se mantienen a flote y de esa forma llevarles hasta la perdición. La perdición en este caso alude a lo que sería un corazón roto, no hay mayor dolor, no hay peor perdición que esa. Ser una Femme fatale es algo fuera de lo común, es verdad que todas las mujeres tienen la capacidad de serlo, sin embargo…no todas las mujeres son así, considero que hay muchas, pero no son tan fáciles de captar. Aun así, las mujeres son seres maravillosos, son como las rosas. Las rosas son preciosas, son una verdadera belleza sin embargo, si no las coges con cuidado acabarán pinchando.
Somos unos seres extraordinarios y sedientos.
